El origen del miedo

Esa soy yo en el origen del tiempo, pegada a la baranda de la cuna.
La noche cerrada es oscura como el interior de un sombrero.
Me reduzco a una palabra: mamá.
Mamá tengo frío, mamá tengo hambre, mamá tengo sueño, mamá estoy despierta.
Ella está lejos, su voz es distante.
Intento ir hacia ella, pero un tul blanco me cubre.
Mamá no responde. Mamá no viene.

II

Esa es mamá llorando.
Al verla contemplo el sol eclipsarse en plena mañana.
Observo la ola asesina que se levanta sobre su sombra.
Su llanto me detiene como el sueño al bostezo.
Llora desconsolada frente al televisor.
Persigo la circunstancia de su tristeza en mi memoria, hasta que una noción extraña de la luz se
filtra como una promesa sin fin.
Me siento a su lado. Miro la pantalla.
Reconozco los trajes blancos con rayas negras atravesándolos.
El puño en alto que grita consignas.
Un rostro familiar sobre ese número culposo.

III

Esa es mamá, otra vez frente al televisor, con su libreta de apuntes y el lapicero en la mano.

Mamá mira. Escucha absorta.
“Que Dios nos ayude”, dice un señor calvo con bigotes antes de retirarse de la pantalla. La
hoja en blanco. “El chino nos mintió”, la escucho decir.
Queda la bandera del Perú.

IV
Esa es mamá siendo apuntada con un revólver en la cabeza. Incitando al hombre a disparar.
Arguyendo que despojarla de lo poco que tiene es peor que matarla.
Esa soy yo llorando, negando con la cabeza, gritando ¡no!
Sus ojos destellan de rabia e impotencia.
No la comprendo.
Mi interior transforma el valor en egoísmo y en secreto la acuso de traición.
Se escuchan gritos en la calle. El hombre empuja a mamá, se llevava los dólares y las joyas de
las abuelas.
Quiero abrazar a mamá, quiero apretarme a su cuerpo, quiero fundirme con ella.
Afuera se oyen dos tiros. Mamá sale corriendo.
Le pido a mamá que no se muera, pero no me escucha.

V
Esa es mamá sentada sobre la cama, despoblada de luz, de fuerza, de deseo. Vacía.
No tiene ganas de amanecer, ni de levantarse, ni de trabajar, ni de abrir un libro, ni de ver la
pantalla, ni de comer.
Ha gastado todas sus lágrimas.
Quiere respuestas que no tengo.
Me llama con urgencia, con premura.
No escucho.

Quiere abrazarse a mí.
No voy.
No quiere ser mamá.
Tampoco yo.